El amor en los tiempos de la cólera migratoria

Publicado en El Nuevo Sol

“Somos ciudadanos estadounidenses y tenemos el derecho innato de escoger a la persona que amamos y poder vivir en este país”, dice Allyson Batista, vicepresidente de American Families United. “Nuestras leyes no deben obligarnos a elegir entre la persona que amamos y nuestro país”.

Por NATALIE JIMÉNEZ
EL NUEVO SOL

En el 2014, Jaqueline García y Andrés López se conocieron en un sitio de internet y tres años después se preparan para casarse. Para la gente a su alrededor, son una pareja como cualquier otra: dos personas que se quieren y que están tomando el siguiente paso en su relación. Pero para los que  los conocen mejor, su relación tiene un factor extra.

Por un lado, García fue traída a Estados Unidos desde Puebla, México cuando tenía doce años para rencontrase con su mamá. Por casi dos décadas, García vivió en el país indocumentada y luego como una joven con DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia). Por el otro lado, López nació en un suburbio de San Bernardino. Su mamá fue hija de un padre estadounidense, su papá logró obtener su ciudadanía mucho antes de que López supiera qué significaba ser indocumentado y todos sus hermanos nacieron en Estados Unidos. A pesar de ser de descendencia mexicana, López nunca estuvo expuesto a las realidades de muchas personas sin papeles en el país.

“Cuando ella me dijo de su estatus migratorio no fue una sorpresa o algo que me hizo pensar que la tenía que dejar” dice López. “Nada más fue algo con lo que tenemos que lidiar”.

López comenta que aunque él no sabía mucho de inmigración o de personas indocumentadas, el tema no era extraño para su familia. Su mamá ha llevado por lo menos 20 años ayudado a varias personas obtener la información necesaria para arreglar su estatus migratorio.

Después de conocer y convivir con García, ahora López conoce mejor la realidad de las personas indocumentadas; sean las que todavía no han podido conseguir papeles, las que se han beneficiado de DACA, los DREAMERS y los residentes.

Una vez casado con García, López se convertirá en uno de los más de 4.1 millones de ciudadanos estadounidenses que están casados con una persona nacida fuera del país. López y García tienen confianza que su proceso de ajuste no tendrá problemas serios, aunque siempre existe la incertidumbre en estos procesos migratorios. Según estimaciones de la organización sin fines de lucro American Families United(AFU), 300,000 ciudadanos  enfrentan problemas importantes debido a las bizantinas leyes migratorias.

AFU tiene cientos de miembros alrededor del país que han pasado por momentos difíciles por casarse con personas sin papeles y que no están protegidas por las leyes migratorias. Es por esta razón que ellos se han juntado para luchar por reformas que los protegejan a ellos y a sus familias.

“Lo que proponemos es que somos ciudadanos estadounidenses y tenemos el derecho innato de permanecer en el país y escoger a la persona que amamos y poder vivir en este país”, dice Allyson Batista, una vicepresidente de AFU. “Nuestras leyes no deben obligarnos a elegir entre la persona que amamos y nuestro país”.

Batista comentó que la relación de una pareja mixta no solo afecta a esa pareja, sino a sus hijos, a sus padres, a su familia extendida, a sus amigos y también a su comunidad.

Ha habido casos en los que las parejas han sido obligadas a vivir dividas por fronteras, otros en donde el ciudadano ha optado por dejar su país y crear una vida nueva en el país de su pareja (debido a que su pareja no puede obtener un estatus legal) y otros en los que han tenido que terminar su relación por la incapacidad de estar juntos adecuadamente.

Aunque cada caso es diferente, dice Batista, por lo general la pareja tiene que enfrentar varios pasos para definir legalmente su futuro como pareja y como miembros de familia.

La situación más fácil sería que la pareja permaneciera en Estados Unidos y llenara la forma provisional I-601A. El inmigrante podría permanecer en el país mientras que el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) decide qué hacer con su caso y solo regresar a su país de origen cuando esa persona  sepa que su excepción ha sido aprobada.

Dependiendo en los antecedentes penales del individuo —cómo llegó al país, cuánto tiempo estuvo sin permiso, si cometió un crimen o algo similar— podría ser deportado por tres, cinco o diez años.

Debido a estas injustas leyes migratorias, muchos inmigrantes y sus familias enfrentan la posibilidad de ser separados por muchos años. Por ello, AFU apoya el proyecto de ley HR 1036, llamado American Families United Act, para que pase en el Congreso estadounidense. Este proyecto, introducido a la Cámara de Representantes el pasado Día de San Valentín, ayudaría a varios inmigrantes a tener la posibilidad de regresar a EE. UU. y obtener un estatus legal si cumplen ciertos requisitos.

 

En la situación de García y López, la preocupación es más limitada debido a que García es recipiente de DACA y tiene permiso condicional de estar en Estados Unidos, pero eso no significa que la pareja pueda cantar victoria. En la mayoría de los casos, casarse con un ciudadano no garantiza el ajuste de estatus para una persona que ha vivido sin estatus legal por muchos años.

A finales del año pasado, García tuvo la oportunidad de viajar a México bajo un permiso especial de libertad condicional anticipada, conocido como advanced parole en inglés. Aunque el permiso le aseguraba la salida, no le aseguraba el ingreso de regreso a Estados Unidos. Pero por las ganas y la necesidad de por fin regresar a su país natal, García estaba dispuesta a enfrentar las consecuencias. Fue algo que platicó con López y aunque tuvo sus propias preocupaciones, él decidió apoyarla.

García comenta que durante el mes que se encontró en México se le hizo difícil comunicarse con López debido a la débil conexión de internet o inhabilidad de comunicarse por teléfono por los horarios. Pero al final del mes, afortunadamente, no tuvo problema para regresar a Estados Unidos y se reencontró con él.

En el camino de vuelta del aeropuerto, López le contó que el esposo de una señora que viajó con García le estaba contando de todas las cosas que le había pedido que le trajera. Y cuando el señor le preguntó a López que le había pedido a García que le trajera, él respondió que lo único que quería era que ella regresara bien.

“Saber que él tenía ese miedo de que a lo mejor no me dejaban regresar fue algo que aprecié mucho”, cuenta García.

Además de los problemas legales, las parejas mixtas como García y López enfrentan comentarios negativos de la gente. Muchas veces, la gente supone —sin ninguna base real— que la persona indocumentada solo está con la persona ciudadana para legalizarse y que esta última está siendo usada.

García confiesa que esto fue algo que ella pensó, más que algo que la gente se lo hubiera dicho directamente. Ella está con López por amor. Sí él le puede darle a ella un estatus más seguro es algo extra en su relación, pero no es algo que la defina.

López, por su parte, encuentra que estas suposiciones son como todas las cosas en la vida.

“La gente va tener sus propias opiniones para todo. Pero a mí no me molesta para nada. Total, que tú y tu pareja sepan la verdad es lo que realmente importa”, dice López.

Glenys Bronfield ha conocido a García por los últimos ocho años y ha llegado a conocer a López. Bronfield comenta que la relación con López solo le ha traído felicidad a García.

“[García] es una mujer muy futurista y ambiciosa”, dice Bronfield. “En su interior, ella siempre ha sabido que se iba casar con alguien por amor, sin importar que tuviera o no tuviera papeles”.

Batista aconseja que la gente no se case por interés porque no solo los pondría en resigo de ser castigados, sino también daña la posibilidad de un apoyo legal a parejas que están juntas por amor.

Es claro que García y Lopez han tenido una relación en donde no se han tenido que preocupar de más por la situación de García debido a DACA. Pero hay muchos que todavía enfrentan mucha incertidumbre y esperan que un día no tendrán que ser separados de sus parejas y sus familias.

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